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1983 / el sueño se hace a mano y sin permiso
Columna de Opinión

Comentarios periodísticos y otras cosas

TODA LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA RESPALDA Y SE SOLIDARIZA CON EL DR. RAÚL ALFONSÍN FRENTE AL IRRESPONSABLE E INTOLERANTE AGRAVIO DEL SECRETARIO DEL PRESIDENTE, CARLOS KUNKEL.
6 de junio de 2004.-
El ex presidente Raúl Alfonsín advirtió ayer desde Barcelona (España) que "solamente un bobo o un tonto" puede interpretar de esa forma sus declaraciones sobre la necesidad de que el gobierno debe actuar "no para reprimir pero sí para establecer la defensa de toda la sociedad", en obvia respuesta a las críticas del subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, a quien no nombró. El cruce hasta puso en duda la presencia de los radicales en la sesión de la Cámara alta que debe tratar la ley de responsabilidad fiscal y el pliego de Carmen Argibay (ver página 14). "No se trata de responder a la violencia con violencia sino con lo que marca la ley y lo que exige el Estado de derecho. El Estado tiene la obligación de defender a toda la sociedad de cualquier acto ilegal", destacó Alfonsín en afirmaciones difundidas por su oficina de prensa. Para el ex presidente, el gobierno "tiene que actuar no para reprimir pero sí para establecer la defensa de toda la sociedad. Identificar a quienes infringen la ley y que sobre ellos se actúe y se les apliquen las penas que corresponden; no se puede quedar de brazos cruzados ante la violencia del palo y la capucha". El dirigente radical salió así a responder, aunque sin nombrarlo, a Kunkel, quien ayer por la mañana consideró que lo que Alfonsín quiere es "ver sangre y represión en las calles argentinas", lo acusó de oponerse "a la política del gobierno de la tolerancia y la persuasión" y lo ubicó entre "aquellos dirigentes que están pidiendo permanentemente represión y mano dura". Frente a tales agravios desde el Gobierno Nacional, el COMITE NACIONAL DE LA UNION CIVICA RADICAL declaró: Comité Nacional de la Unión Cívica Radical se dirige a la opinión pública a fin de hacer saber su más absoluto rechazo a la irresponsable y malintencionada interpretación del subsecretario general de la Presidencia Carlos Kunkel sobre la opinión en política de seguridad expresada días atrás por el ex presidente Raúl Alfonsín. La incompetente actitud de Kunkel lesiona la convivencia democrática en que los argentinos estamos empeñados, en pos de alcanzar el consenso en políticas de estado permanentes. Si el Subsecretario de la Presidencia no está capacitado para gobernar admitiendo el disenso y la oposición, no merece ocupar un espacio en el seno de un gobierno democrático. Debe elogiarse el gesto profundamente democrático del ex Presidente de la Nación Raúl Alfonsín quién relegara en el día de ayer el tratamiento de un desagravio a su persona en el seno de la Cámara Alta, en favor de facilitar el funcionamiento normal del Congreso para la atención de los problemas de la República. Además, El presidente de la UCR DE LA CAPITAL FEDERAL Jorge Casabé, reclamó la renuncia del secretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, porque entiende que "ofendió no solo a un partido con 100 años de historia en la defensa de la democracia, si no a toda una sociedad que desea vivir en paz". El funcionario Kirchnerista había afirmado que el ex mandatario Raúl Alfonsín "quiere ver sangre en las calles". "Por todo esto, solicito que tenga la grandeza de reconocer su error y presentar la renuncia indeclinable a su cargo", manifestó Casabé. En ese contexto, la JUVENTUD RADICAL DE SANTA FE salió en apoyo del ex presidente y aseguró que "Kunkel se confunde y le falta el respeto". En un comunicado, la JR santafesina expresó "su rechazo" a los dichos del funcionario, "quien pretende desprestigiar a Alfonsín poniendo en su boca conceptos nunca vertidos y que sólo a un tonto, bobo e intolerante se le pueden ocurrir". Los radicales lamentaron que Kunkel "no fuera así de provocador durante los 90, cuando la política neoliberal del gobierno justicialista terminaba condenando a la pobreza e indigencia a millones de argentinos que hoy conforman el grueso de las agrupaciones piqueteras, políticas a las que Alfonsín supo oponerse y denunciar". También aseguraron que "los radicales somos solidarios con la lucha de las agrupaciones sociales, la que debe ser pacífica y respetuosa de la ley, las instituciones y los derechos de los argentinos".


EDITORIAL DE PEPE ELIASCHEV

A 20 años de que los argentinos empezamos a aprender a vivir en democracia


El siguiente texto es la transcripción ligeramente editada del editorial dicho por Pepe Eliaschev en la fecha. SE TRATA DE UNA VERSION PROVISORIA, PENDIENTE DE UNA CORRECCION FINAL, producida sobre la base de su desgrabación de la radio, porque los editoriales no son leídos de un texto preparado, sino monólogos pronunciados cada día sin guión previo.

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Buenos Aires, 30 de octubre de 2003.- Aquel día empezó así: Yo, Raúl Ricardo Alfonsín, juro por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la Nación, y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina. Así, con un juramento de rutina tras el cual la esperanza latía fuerte.



Inmaduros, exitistas, aficionados al corto plazo, los argentinos creíamos que habíamos llegado, que nos habíamos sacado de encima el lastre terrible de los años signados para siempre como la época del horror.



¿De qué podemos acusar a la democracia? ¿En qué falló? ¿Qué fue lo que no anduvo? ¿Dónde estuvo la frustración y qué razones tenemos para sentirnos defraudados? Responder a estos interrogantes reclama una vida, y lejos de mí poder estar a la altura de un desafío tan estremecedor. Los hechos históricos de los pueblos suelen generar paradojas que el curso de los años puede ir esclareciendo. Lo que parece un fracaso dos décadas después, es probable que dentro de 80 años signifique un punto de inflexión. La historiografía nos revela que hay grandes derrotas que terminan convirtiéndose en bellas victorias. Y es honesto también confesar que hay triunfos aparentes que a la hora del saldo son graves contrastes.



Desde la perspectiva de sus aspiraciones y ambiciones la democracia es todavía una asignatura pendiente. El mundo ideal, el paraíso viviente con el que soñábamos y que nos prometían nuestros dirigentes, diera en todo caso, un día como hoy hace 20 años, una expectativa que se nos antojaba inmediata. De la misma manera como habíamos venido saltando de régimen en régimen y de aventura en aventura, los argentinos nos habíamos encontrado con el derrumbe de la dictadura militar.

Una dictadura abyecta, particularmente vituperable, porque aquel régimen representó lo peor de la Argentina. La ilegalidad orgánica, la violación sistemática de todas las normas, todos los derechos, y todas las garantías. Y también, la mentira, la corrupción, el atroz endeudamiento.

Aquel mito salvaje que todavía nos cuesta desempolvar de nuestras existencias, según el cual este país estaba convocado a grandes destinos internacionales. No éramos otra cosa que un socio olvidado del primer mundo blanco y ebrio de riqueza.



Hacerse hoy las preguntas indignadas quizá no sea del todo legítimo ¿Cómo pudimos imaginar que tras tantas décadas de sangre y de desencuentro y de violencia, el país habría de recuperarse en un santiamén, con el solo hecho de que la derrota militar tras la aventura de las Islas Malvinas., abría el camino a las urnas, que estaban bien guardadas? Según se ufanaban los prepotentes cabecillas de las Fuerzas Armadas.



Lo imaginamos, tal vez por inmadurez, tal vez por adolescencia, tal vez por confundir deseos con realidades. Se nos había advertido y los discursos lo dicen con claridad, que a la Argentina la aguardaban severas pruebas. Quizá no sabíamos aquel 30 de octubre que nuestro tejido interior, la consistencia de nuestro propio esqueleto, era infinitamente más vulnerable y frágil de lo que presumíamos.



No había, efectivamente, dentro de nuestro propio cuerpo social una homogénea consistencia que nos llevara por un camino recto y sólido hacia un cambio irreversible. A poco andar, el nuevo gobierno civil electo por la abrumadora mayoría de los argentinos, tuvo que empezar a recoger el producto de sus propias audacias. Después de todo, en el curso de la primera semana del gobierno democrático, el presidente Alfonsín firmaba los decretos de enjuiciamiento a las cúpulas de las juntas militares de la dictadura, así como a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras que habían actuado en esos años.



¿Qué otro país, qué otro gobierno civil surgido de elecciones libres repetiría tamaña hazaña civil? ¿Qué otro precedente se encuentra en América Latina o en el resto del mundo, en donde un gobierno haya no solamente imputado los crímenes, sino que haya ordenado el enjuiciamiento, haya presidido el proceso, y al cabo de la causa haya permitido que la justicia independiente condene como lo hizo?



¿Dónde estaban Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera el 8 de julio de 1989 cuando culminaba en una ordalía de hiperinflación y saqueos, el primer gobierno de la democracia? Estaban presos. Desprovistos de sus grados, así como un grupo selecto de cabecillas, a los que no les alcanzaba el punto final ni la obediencia debida. Esos cabecillas fueron indultados por la amnistía del gobierno justicialista.



La historia es compleja, muy hablada y contradictoria. Aquel gobierno de Alfonsín tuvo fracasos estrepitosos. Solamente un reconocimiento democrático de los fracasos le permite, en todo caso, a los actores de hoy, comprender de dónde venimos y hacia dónde podemos ir. También es cierto que a aquel gobierno no se lo privó de un solo enemigo innecesario.



La secuela de paros generales de la CGT preparó el camino. Los alzamientos carapintadas fueron sazonando los años que llevaban a un progresivo debilitamiento de la capacidad oficial de juzgar a los represores. Y como si todos los males que acabo de describir no fueran propios ni necesarios, como si además no hubiese habido que lidiar con gobiernos como el de Ronald Reagan, en los Estados Unidos, con la decisión de suprimir por la violencia el gobierno sandinista de Nicaragua, y otras perlas de aquella época terrible, el año final del gobierno de Alfonsín terminaría con el delirio sangriento de La Tablada y un grupo de iluminados que dejó 40 cadáveres en el terreno, para que el país fuese prácticamente puesto de rodillas abriendo el camino al mesianismo de la llamada revolución productiva.



Aquel gobierno de Alfonsín habría de dejarle a la historia herramientas de la vida civil, que hoy son imprescindibles. La ley del matrimonio civil, por ejemplo, que permitió a los argentinos un divorcio que hoy sigue siendo ilegal, por ejemplo, acá nomás, en Chile. La patria potestad compartida por mujeres y hombres, una herramienta indispensable, elemental pero revolucionaria para una sociedad moderna. Una política exterior desafiantemente, neutral o independiente en un mundo en donde se derrumbaba el poder soviético y se marchaba hacia el hegemonismo norteamericano.



Mientas que el gobierno posterior al de Alfonsín habría de apartar a la Argentina de las Naciones No Alineadas, aquel gobierno de 1983, habría de impulsar la paz con Chile y la firma de los tratados del Canal de Beagle, que determinaron la cancelación de una vieja hipótesis de guerra que envenenó a nuestro país y a Sudamérica.



Mucho de lo que no se hizo es el producto de la impotencia, de las divisiones, de la mala sangre y de la mala leche que cruzaron la época. Mucho de lo que se hizo, en cambio, es ya un patrimonio que forma parte de nuestra historia más querida y entrañable. Muy a pesar de los que sostienen que este tipo de reclamos solamente se hace cargo de orgullos partidarios, vengo a abrir la boca ante este micrófono para recordarme, recordarnos y recordar, que aquel país de hace 20 años no había comenzado todavía a desperezar los anestesiados músculos de nuestras capacidades civiles.



Hoy todo es activismo, todo es movilización, todo es derechos, todo es garantías, todo es reclamos, y está bien que así sea. Solamente seremos un país digno de ser habitado, solamente seremos una patria de ciudadanos orgullosos de vivir en esta tierra cuando reclamar, protestar, exigir y demandar, sea tan natural como respirar. Reclamo mirada histórica. Aquel gobierno dejó muchas tareas sin cumplir. Peleó, fue derrotado en más de una batalla, confrontó de manera perdidosa zancadillas imposibles, obtuvo triunfos memorables, restituyó a la Argentina al concierto de las naciones civilizadas del mundo, porque en aquellos años iniciales de la democracia, aquel presidente y este país, eran en todo el planeta el símbolo mundial de la recuperación de un sistema de vida mejor. Eran la demostración de que se podía juzgar a los criminales de Estado. Y no por la potencia invasora de un extranjero que así lo ordenaba, como en la IIª Guerra Mundial, sino por la decisión serena de un gobierno civil que estaba haciendo lo que había que hacer.



Es muy fácil decir hoy, 20 años después, el catecismo de las cosas que no se hicieron. Como todo gobierno verdadero que trajo ideas, tuvo enemigos mortales. Los sindicatos, los Estados Unidos y ¿por qué no decirlo? un segmento muy importante de la jerarquía católica, por no hablar de las empresas, hicieron frente común contra un gobierno que terminó desplomado, pese a que el candidato oficialista en aquel año 1989, se llevaría más del 36 por ciento de los votos.



Hoy todo eso es historia, hoy todo eso es presente y hoy todo eso es futuro. Porque es presente y porque es futuro, y porque el 30 de octubre no es de nadie y es de todos, vengo a reclamar el poder de la memoria. Vengo a decir, ahora la libertad, ahora la paz. Todos los 30 de octubre que nos reste vivir.

PEPE ELIASCHEV






ALFONSÍN: UN CABEZA DURA QUE SIGUE DANDO PELEA

Por Julio Blanck, publicado el 2/11/03 en el diario Clarin

Lo llenaron de lisonjas esta semana. Se acordaron (bien) de él. Le entibiaron la memoria refrescando sus días más felices. Pero él, que seguro disfrutó los honores, no se permitió la claudicación de un discurso edulcorado. "Tenemos una democracia renga, con libertad pero sin igualdad", dijo, sabiendo que es dueño de una buena porción de esa deuda que la democracia tiene con la sociedad.

Raúl Alfonsín siempre fue un gallego calentón, dicho esto con el mayor de los respetos. El anecdotario suele congelarse en aquél "a vos no te va tan mal, gordito", descargado sobre un robusto manifestante que protestaba en Neuquén, ya al final de su presidencia, cuando no había cómo disimular el deterioro. Pero pocos se acuerdan que hace poco, ya cumplidos los 70, quiso boxear en la puerta de su casa a una runfla de sinvergüenzas que le armaron un escrache, aprovechando la ola de repudio a los políticos para cobrarle viejas cuentas.

Porque si algo supo hacer Alfonsín fue juntar rencores. No le perdonaron el caos económico y la hiperinflación, ni las ilusiones rotas de tantos que confiaron en él. Hay millones que nunca lo absolvieron por el "Felices Pascuas" y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Pero otros, menos en número pero mucho más poderosos, jamás le perdonaron haber juzgado y condenado a quienes ejercieron terror desde el Estado. Ni haber tenido el descaro de querer sentar a la sociedad civil a la mesa donde se reparte el poder en serio.

El día que asumió como presidente aseguró que llegaba para fundar una democracia de cien años, en el país donde la vida y la República venían de valer menos que nada. Después, la historia lo empinó algunas veces y lo arrastró muchas más. Pero si se considera aquella promesa inaugural, tan mal no le fue. La democracia supo sobrevivir a los ataques de los que nunca la quisieron aunque ahora se hayan disfrazado de democráticos, pudo sobreponerse a los errores y la falta de escrúpulos de muchos de sus principales dirigentes, y fue más fuerte que la falta de compromiso de una sociedad más entrenada para reclamar que para actuar.

Alfonsín es coherente hasta en sus equivocaciones. A eso, algunos lo llaman ser cabeza dura. Demasiadas veces la realidad se empecinó en circularle a contramano, pero él sigue creyendo que los partidos políticos expresan mejor que nadie los intereses de la sociedad frente al poder. Pero sigue creyendo también que deben funcionar según las pautas que él aprendió, ejerció y ayudó a construir, aunque sean anacrónicas y los partidos no encuentren cómo salvar el abismo que los distancia de la sociedad.

"Me quieren poner las pantuflas", rezongó hace unos años cuando algunos correligionarios querían jubilarlo de la política argumentando que ya no estaba para esos trotes. Todavía lo tienen que aguantar. Y veinte años después de su gloria, el hombre que alguna vez supo hacerse cargo de los sueños de sus compatriotas se empeña en dar pelea.

Ah... y sigue viviendo en el mismo departamento de la avenida Santa Fe donde vivía antes de ser presidente.


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